lunes, 6 de junio de 2016

Viejos rituales para amar a un anciano

Desde mis cobijas de hombre solo,
desde este papel, tiendo la mano.
Rubén Bonifaz Nuño

Someter a un anciano a las delicadezas del amor
es un deleite más que un reto.
Como la enjuta pasa al pastel
el viejecillo en sus pliegues
es propenso
a un lóbulo redondo
a la perla en los labios:
a el aura de un pezón.

Las ansias del anciano se entregarán a ti,
no dudes de la vehemencia de estos vinos.

Algunos
se impregnan de tabaco
otros, de antiquísimo tono enciclopédico
o del humo plata del escape de los autos
entre su escaso cabello.
Y los más sensibles de humedad.

Gustan aun de las camisolas a cuadros,
semejantes a sus cobijas, que
—en corto tiempo—
les envolverán
a manera de un sudario.

Pero, no nos entretengamos en esto.
Para llevarlo a la cama:
hay que acompañarle.
A la mayoría
les gusta ser desvestidos con cuidado,
y que sus ropas se doblen —inmácula—
sobre el respaldo de un sillón.

No esperes erecciones, goza dedos.
No esperes dientes, mordisquea labios.
: (hay que tener precaución de no crujir la jaula de sus costillas).

Sobre el burro que tocó la flauta, desnuda sobre su lomo,
entra al jardín de los plateros
(al jardín de sus platas).
Naturalmente no eres una musa,
pero, a los menos frágiles, les agrada imaginar
que cabalgas sobre su costilludo cuerpo
aunque después se queden solos, como en un principio
en la oscuridad, con su flor entre los muslos
arrugándose a ciegas.
*
De forma distinta están aromados los viejos.
Su sabor es dulce y fuerte como los higos
y otras frutas secas.
(Pequeñitos pájaros sin plumas: súbelos al nido)
A ellos les gusta que las últimas canas les arranques
y los hagas sonrojar
—verse por medio segundo, lozanos—
dulces cascarones sobre las sábanas lisas
(haz memoria) : nunca les desprendas los calcetines
(no hay que olvidarlo) y sobretodo
cuando les hagas el amor, acarícialos
con dedo experto
como si fuesen taza de porcelana
con evidente grieta, aunque aún de borde dorado.

Pero tampoco nos detengamos en esto.
Lo importante es que sufren
y eso los hace sensitivos al amor.
Puede que se vuelquen taciturnos
y sus pupilas no cintilen hacia afuera,
sino hacia dentro, como tratando de alumbrarse solos
hacia el fondo de sus callejones,
faro de ellos mismos
intentando (con sus pies en retroceso) ver
dónde se detuvieron de más,
dónde erraron el camino, dónde
un apretón de piernas los cegó un momento,
les obstruyó los pulmones, los trastornó
y los puso a pensar en otra cosa
que no fuera ellos.

(Al contener la respiración —la forma de respirar—
el aire cambia; los hechos: los actos).
Lo de la luz del faro es común cuando sucede;
sin embargo no pasa de ser la rojiza,
la ligera iluminación de la rosa
en la punta de un cigarro.

Si le cimbran las paredes de los sueños,
si esto ocurre, solo recuéstalo
(que se estruje sobre la cama).
Retira sus lágrimas con el revés de una mano
cierra sus ojos,
y antes de apagar la luz,
bésalo.

Adriana Tafoya

jueves, 26 de mayo de 2016

EX


Yo no soy, ni quiero ser,
dueño de mi destino.
Tampoco capitán de mi alma.
Yo sólo pretendo no ser:
brujulear por calles, playas, valles y montañas;
abandonarme a la deriva;
disfrutar del goce de quien se ha despojado de certezas
y atributos
para convertirse en el ex del personaje fingido.
Sin pasión, sin argumentos,
pero también sin dolor ni delirios,
sin obtusas gilipolleces ni pretensiones metafísicas;
como canto rodado;
como hoja al viento que se conforma con acariciar,
en sus idas y venidas,
la cadera, el pecho o el rostro
de su amada.

Fernando Castro de Isidro

martes, 17 de mayo de 2016

Emplazamiento 1: Abismo en las aceras

Te emplazo desde el abismo
de las gotas perdidas
de lluvia: esos diminutos ojos
vertidos en las aceras,
sobre los autos, en los techos vencidos
de este hogar desmadejado
de ternura.
Te emplazo
desde el último rincón inerme,
puerta de luz sin cerrojos
de unas manos ávidas de tibieza.
Te emplazo, amor,
te emplazo
desde este adiós
sin lugar, desde este amor
con lista de espera,
desde estos dedos
ciegos de ti,
desde estos brazos,
cansados de buscarte

(Emplazamientos, 2014)


Yolanda Judith Hackshaw M.


Del libro De mar a mar

“Y yo que creí que todo el amor era mío”...
Banderolas de espumas de indiferencias
que flamean,
que queman,
que arden,
que duelen...
Un día pensé que todo el amor era mío:
Me equivoqué.
Su sonrisa
no era sonrisa,
era una dentellada en pleno rostro.
Sus manos, que creí bandas seguras
sólo eran hilos podridos.
Su corazón que lo soñaba mío,
sólo fue una extensa llanura de desolación,
hangar abandonado donde la nave de mi dolor estalló...
Mar sin mar.
Nube sin nube.
Negación de la negación.
Dolor de mi dolor...
“Y yo que creí que todo el amor era mío”...

Yolanda Judith Hackshaw M.

Yolanda Judith Hackshaw M.

Yolanda Judith Hackshaw M. Poeta, escritora, ensayista y profesora panameña (nacida el 13 de octubre de 1958). Se graduó en la Universidad de Panamá como licenciada en español y profesora de enseñanza secundaria con especialización en español. Obtuvo una maestría en literatura hispanoamericana y un posgrado en literatura panameña en la misma universidad. También es docente de español en dicha universidad. Es miembro activa del Círculo Lingüístico y Literario Ricardo J. Alfaro. Ha sido jurado del Premio Nacional de Cuento José María Sánchez (Universidad Tecnológica de Panamá), en el concurso de cuentos del Instituto Panameño de Estudios Laborales del Ministerio de Trabajo y del Concurso Nacional de Poesía Demetrio Herrera Sevillano. Ha trabajado como asesora literaria de Editorial Norma en Panamá en el periodo 2003 – 2009. Fue directora de Derechos Humanos en el Ministerio de gobierno de Panamá de 2010 a 2012. Es columnista del diario Panamá América. Ha publicado varias obras como Corazones en la pared (cuento, 2000), Las trampas de la escritura (cuento, 2000), La confabulación creativa de Enrique Jaramillo Levi (ensayo, 2000), De mar a mar (poesía, 2001) y Redacción: método y práctica (escrito conjuntamente con Ricardo Segura, 2000). También, Portal del Idioma 6 ( Editorial Norma, 2006), Lengua, 1,2,3,4 y 5 (Susaeta, 2010), Aventuras de colores (2009), Siempreviva (poesía, 2014), Cromatismo y plasticidad en la literatura panameña (ensayo, 2014), Emplazamientos (poesía, 2014), Profecía marina (teatro, 2014). Su obra ha sido antologada en varios libros. Destacan: Contar es un placer, Antología de la literatura hispanoamericana (La Habana, Cuba, 2008); Flor y nata, mujeres cuentistas de Panamá (Géminis, 2004); Construyamos un puente, treinta y un poetas panameños nacidos entre 1957 y 1983; Panamá cuenta (Norma, 2003); Cuentos panameños (Editorial popular, España) y Sueño compartido.

martes, 10 de mayo de 2016

Entrega


Envuélveme... No temas.
Ante tu fuego vivo
mi carne se deslumbra,
y surge castamente
entre el temblor rosado
de mi liviano traje
para poder ser tuya.

¿No aspiras en el aire
una fragancia débil
que enerva y que conturba?
¿No sientes que tu aliento
se prende como un velo
de sombra en mi cintura?...
Ya ves que hasta mis ojos
en esta noche tienen
fulguración oscura,
y en tus rodillas firmes
mis manos se desgranan
como rosas maduras.
Y al enredar tus dedos
en mis cabellos claros
siento extraña frescura,
mientras caen tus besos
en mi boca sedienta
con la humedad fragante
que se raja una fruta.
Aspírame despacio....
Iniciaré mi entrega
sobre tu carne oscura,
y me alzaré del fuego
santificada y bella
como se alza del mármol
una estatua desnuda.

Laura Victoria

Salvaje


No me mires así que me haces daño...
Qué bellas tus pupilas de inconsciencia
que tienen el hondor de los abismos
y el verde oscuro de las aguas muertas.
Qué fuertes esos músculos maduros
bajo la carne aceitunada y fresca,
que tiene a veces el temblor de un niño
o la tensión salvaje de una fiera.

No me mires así que me haces daño...
Con ese aliento abrasador me enervas,
y frente a ti soy gajo que se dobla
rindiendo sus frescuras a la tierra.
Cómo rompe el crepúsculo sus oros
en el lustroso añil de tu cabeza
mientras tus manos torpes se resisten
al loco impulso que en tu ser golpea.

No me mires así con esos ojos
oscuros de inconsciencia...
Dobla mi talle entre tu brazo fuerte,
embriágate en la flor de mi belleza.

Sobre la felpa tibia de los musgos
seremos yo el silencio: tú la selva!

Laura Victoria

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...