martes, 19 de julio de 2011

Juana de Ibarbourou

Nacida en la ciudad de Melo, capìtal del Departamento de Cerro Largo situado en el extremo Este de la frontera entre la República Oriental del Uruguay y la República Federativa del Brasil, el 8 de marzo de 1895 — día de San Juan — (aunque algunas fuentes mencionan el año 1892) y fallecida en Montevideo el 15 de julio de 1979, fueron sus padres los esposos Vicente Fernández, oriundo de la región española de Galicia, y Valentina Morales, también nacida en la ciudad de Melo.
Bautizada, entonces, como Juana Fernández Morales — en cuya ceremonia fuera su padrino Aparicio Saravia — adoptó como seudónimo literario — nombre ficticio utilizado para identificarse artísticamente — el de Juana de Ibarbourou. En realidad, ése era el apellido de su esposo, por lo cual su seudónimo surgió de su vínculo matrimonial.
De su infancia y juventud — transcurridas en la misma ciudad de Melo y ocasionalmente en los campos cercanos — se conoce relativamente poco. Algunos detalles generales provienen de ella misma, por referencias contenidas especialmente en su libro “Chico Carlo”, y en el discurso que pronunciara en 1947, cuando tuvo lugar su incorporación a la Academia Nacional de Letras. Cursó estudios primarios en una Escuela pública de Melo — que actualmente ha sido designada con su nombre literario — y secundarios en un colegio religioso. Se interesó asimismo en el aprendizaje del idioma francés que, en esa época, era el segundo idioma preferido por quienes procuraban acceder a un superior nivel cultural.
Según algunos cronistas literarios, fue su profesora de francés la que, percibiendo su temprana inclinación a la poesía, le facilitó el acceso a algunos poetas franceses en boga; especialmente Anne de Noailles, de cuya obra perciben fuerte influencia en su formación literaria y en su obra inicial. También se menciona en su orientación hacia la literatura versificada, el influjo de su padre, quien — según ella misma relatara — solía recitar versos del poeta español Espronceda y de la poetisa Rosalía de Castro; esta última venerada por los inmigrantes de Galicia, por sus poemas en gallego, que les rememoran su tierra natal: “airiños, airiños aires, airiños da miña terra”.
En el año 1914, cuando contaba diecinueve años, contrajo matrimonio con el entonces Capitán del Ejército Lucas Ibarborou; quien en su carrera militar alcanzó el grado de Mayor.
Durante los siguientes cuatro años, siguiendo los destinos de servicio de su esposo, el matrimonio hubo de residir en diversas localidades del país. Hasta que, en el año 1918, se establecieron definitivamente en Montevideo, en una modesta vivienda situada en la calle Asilo, en el barrio de La Unión, posiblemente por razones de cercanía con la Unidad en que servía Ibarborou. Posteriormente, el matrimonio residió por varios años en una cómoda casa de dos plantas, situada en la calle Comercio, en el mismo barrio, cercana a la playa de El Buceo; por lo cual ha mencionado que escribía en una habitación desde la cual veía por la ventana las aguas del Río de la Plata. Por cierto que Juana de Ibarborou, ya viuda, vivió sus últimos años, solitaria y recluida, en una antigua residencia solariega situada en la Avda. 8 de Octubre frente a la calle Mariano Moreno, en los límites del mismo barrio de La Unión, lindera con el Hospital Central de las Fuerzas Armadas.
Según las crónicas, en su modesta vivienda de la calle Asilo, y pasando estrecheces económicas, compartió las labores hogareñas y el cuidado de su hijo todavía pequeño, con la elaboración artesanal, y venta, de flores artificiales; habilidad que había adquirido en el Colegio, (en época en que tales capacitaciones formaban parte de la enseñanza de las jóvenes). Habiendo comenzado a escribir poemas en su adolescencia, siguió cultivando esa afición; inspirada en lo cotidiano, para transformarlo en poesía:

¿Qué es esto? ¡Prodigio! Mis manos florecen.
Rosas, rosas, rosas a mis dedos crecen.
Mi amante, besóme las manos y en ellas
Oh, gracia! brotaron rosas como estrellas.

Había publicado anteriormente algunos poemas en periódicos de la ciudad de Melo (también, en una época en que los diarios publicaban poesía) utilizando como seudónimo el afrancesado de Jeannette d'Ybar. Ahora pudo reunir un grupo de poemas, conformando un breve libro; el cual sometió al juicio crítico de Vicente Salaberry, quien dirigía una página literaria en el diario La Razón, que aparecía en Montevideo. Entusiasmado con lo que consideró de gran valor literario, Salaberry publicó en ese diario una página en que, bajo el titular “La revelación de una extraordinaria poetisa” formuló sus opiniones laudatorias e incluyó varios de los poemas.
Ese primer libro se publicó en 1919 — ya identificada como Juana de Ibarborou — por una editorial de Buenos Aires, con el título de marcada tonalidad modernista, de “Las lenguas de diamante”; con un prólogo escrito por el novelista argentino Manuel Gálvez.
Ciertamente, para esas fechas, el movimiento literario del modernismo, había perdido buena parte de un predominio que, gracias a la extraordinaria veta poética de Julio Herrera y Reissig y del nicaragüense Rubén Darío había alcanzado todos los ámbitos de la poesía en español, y naturalmente también en nuestro medio literario. Sin embargo, la obra inicial de Juana de Ibarborou, sin duda por influencia de sus lecturas — aunque fueran bastante escasas — incluye el recurso de la referencia a temas, imágenes y expresiones extraídas de los componentes culturales de la antigüedad griega y de otros orígenes europeos; aunque se caracteriza fundamentalmente porque trasunta una actitud vital ajena a la exagerada intelectualización del modernismo, orientada hacia una sensibilidad natural, esencialmente intuitiva.
La crítica literaria señala en sus primeras obras, como un elemento característico, a pesar del empleo de esos instrumentos estéticos de origen modernista, un componente fundamentalmente originario en referencias a experiencias emanadas de la realidad de la vida, con fuerte presencia de los factores de carácter cotidiano, intuitivamente recogidos en su lenguaje poético. Lo cual, evidentemente, no ha sido en sus poemas el resultado de una deliberada elaboración intelectualizada proveniente de una ideología literaria; sino la resultante espontánea de la emotividad, de quien ha sido descripta — al menos en esta primera etapa — como “una joven pueblerina, sencilla, de una cultura elemental y una gran hermosura” que expresó su amor sano y limpio con una autenticidad y una independencia creadora, para la cual los rasgos del antecedente modernista no fueron otra cosa que un instrumento accesorio y hasta transitorio.
Lo que resulta, en definitiva, como valoración primordial de la poesía de Juana de Ibarborou, es una expresión esencialmente femenina de la sensibilidad vital de una persona enormemente espontánea; que recibe el impulso poético proveniente de esa sensibilidad, y lo transporta a la forma literaria en la búsqueda de un resultado estético, sirviéndose de su correlación con aquellos elementos presentes en su sencilla vida cotidiana. En lo cual, indudablemente, debe situarse el origen de lo que, hasta cierto punto, puede considerarse la “popularidad” de su poesía que, aunque indudablemente promocionada por la corporación de los literatos intelectuales — e incluso por los programas educacionales — tuvo resultado y es merecida, debido a su efectiva captación por los lectores corrientes, en base a la autenticidad de los sentimientos que expresa.
Surgida al ambiente literario con cercana posterioridad a Delmira Agustini, como otra de las escasas representantes de la poesía femenina americana (junto con Gabriela Mistral, Alfonsina Storni y María Eugenia Vaz Ferreira); la obra inicial de Juana de Ibarborou se destacó inmediatamente por su tonalidad temática visiblemente amatoria; impregnada de una sensualidad erótica que, si actualmente puede considerarse apenas insinuada, en su momento resultaba indudablemente atrevida. Claramente originados en los sentimientos y experiencias de adolescente, sus primeros poemas contienen numerosas alusiones al medio campesino y propio de una pequeña ciudad del interior del país de principios del siglo XX:

Desde el fondo del alma me sube
un sabor de pitanga a los labios;
tiene aún mi epidermis morena
no se qué fragancias de trigo emparvado.

Ay!, quisiera llevarte conmigo
a dormir una noche en el campo
y en tus brazos pasar hasta el día
bajo el techo alocado de un árbol.

Soy la misma muchacha salvaje
que hace años trajiste a tu lado.

Al año siguiente, 1920, publicó su segundo libro, “Cántaro fresco”, en el cual persiste la temática de una sensualidad siempre referida a la vida sencilla, hogareña y solariega, vinculada a la naturaleza en su expresión principalmente vegetal. Le siguió en 1922 “Raíz salvaje”, que es por muchos considerado el que trasunta de una manera más lograda la síntesis poética de su sensibilidad vital, en que los sentimientos del amor humano se fusionan con el sentir de la Naturaleza.

Tómame de la mano. Vámonos a la lluvia.
Descalzos y ligeros de ropa, sin paraguas,
con el cabello al viento y el cuerpo a la caricia
oblicua, refrescante y menuda del agua.

¡Que rían los vecinos! Puesto que somos jóvenes,
y los dos nos amamos y nos gusta la lluvia
vamos a ser felices con el gozo sencillo
de un casal de gorriones que en la vía se arrulla.

Su siguiente libro, “La rosa de los vientos” (1930), marca una importante evolución doble de su tonalidad poética; que por un lado se aparta de algunos componentes de tipo modernista, tales como la búsqueda de imágenes elaboradas y el empleo de expresiones dirigidas a conferir sonoridad al recitativo, al tiempo que emplea formas de versificación más libres respecto de los moldes tradicionales, de lo que había aplicado en su producción anterior.
Asimismo, su temática se alejó del naturalismo asociado a la sensualidad vital, para orientarse hacia expresiones subjetivas referidas al avanzar de la vida y su transcurso hacia la muerte. Evolución en la cual se ha señalado una correlación entre la vitalidad y el naturalismo juvenil, y la conciencia de las responsabilidades y los destinos, propia de la madurez. Acaso, el empleo de un lenguaje que se evidencia como mucho más elaborado, que se aleja bastante de su sencillez y cotidianeidad inicial, pudo ser consecuencia de haberse visto inserta en la corriente de la fama literaria, y consiguientemente comprometida a asumir sus elaboraciones conceptuales, separándose de la espontaneidad e intimidad de sus orígenes poéticos.

Hora de los navegantes extáticos
sobre los mares de basalto y de turquesa.
El viento suena sus crótalos de cobre
y en la proa de mi barco cae una estrella.

Iremos al país de los caminos iluminados
por el mirasol giratorio de los sueños.
Toma la dirección de mi navío
tú, que conoces los nocturnos océanos.
 
Incorporada rapidamente al “Parnaso”, aceptada por cooptación como miembro pleno en la institucionalidad literaria, Juana de Ibarborou cosechó de manera generosa — por cierto que merecidamente, en su caso — los elogios con que los capitostes de la cultura se disciernen en reciprocidad el estrellato de su género, salvaguardando con ello su propia autoridad intelectual.
El 10 de agosto de 1929, en el Salón de los Pasos Perdidos del recientemente inaugurado Palacio Legislativo de Montevideo, Juana de Ibarborou fue proclamada “Juana de América”; en un acto multitudinario en que tuvieron participación protagónica el escritor mejicano Alfonso Reyes y el poeta uruguayo Juan Zorrilla de San Martín.
Sin embargo, Juana de Ibarborou se encontró en buena medida sorprendida por su notoriedad literaria y su popularidad. “¿Qué hay de grande en mi poesía?” expresó al ser aclamada como Juana de América; dejando a salvo que no había buscado ni alentado ese homenaje. Su propia interpretación acerca de la realidad que a su propia persona le tocó vivir, está expuesta en su poema “Autorromance de Juanita Fernández”, escrito en 1955:

Primero, novia del aire,
y después, de un capitán.
Andaba Juanita, andaba,
y era rica más y más.
¿Qué importan la casa pobre,
los vestidos de algodones,
los zapatitos de cuero,
la blusa sin prendedores?

Y cuando muera Juanita
a gritos todos dirán
que fue bendito aquel día
ocho de marzo, San Juan
de Dios, en tierras de Melo
que la historia alabará.

Y ha de dormirse llevando
sobre la mortaja un sol:
el de un amor silencioso
que nadie le adivinó.
 
En definitiva, Juana de Ibarborou obtiene la admiración de sus lectores, a partir de un estilo que por encima de los recursos un tanto artificiosos propios del modernismo, expresa su sentir íntimo con la fresca espontaneidad de una muchacha simple, cuyo amor juvenil por la vida y la naturaleza se expone con alegría y con libertad, en un lenguaje que siempre resulta directamente accesible a todos. Los cambios operados en la tonalidad de su poesía a lo largo del tiempo, son reflejo de las mutaciones operadas en su propia vida emotiva, lo que legitima la continuidad de su obra.
Además de su numerosa producción poética, Juana de Ibarborou escribió también obras en prosa; en el extenso período comprendido entre 1930 y 1950, transcurridos entre la publicación de “La rosa de los vientos” y “Perdida”.
“El cántaro fresco”, aparecido en 1920, fue su primer libro de prosa; en el cual presenta cuadros breves en que la autora dialoga con objetos y seres menores de la naturaleza, empleando siempre un lenguaje familiar y de fácil comprensión.
Dos libros publicados en 1934, recogen la veta mística de Juana de Ibarborou, como católica practicante: “Loores de Nuestra Señora” en que expresa su devoción hacia la Virgen María, y “Estampas de la Biblia”.
“Chico Carlo”, aparecido en 1944, contiene evocaciones de sus años y lugares juveniles, en sus ambientes familiares, expresadas en narraciones breves. El mismo sentido evocativo tiene “Juan soldado”, de 1971; donde una narrativa de ambiente campesino le permite recrear personajes y ambientes de su época juvenil.

Premios y distinciones

Además de su consagración como “Juana de América”, en 1929, Juana de Ibarborou recibió numerosas expresiones de reconocimiento por su labor literaria:

  • En 1931, su libro “La rosa de los vientos” fue distinguido en la ciudad suiza de Ginebra, con la Orden Universal del Mérito Humano.
  • En 1935, recibió la Medalla de Oro de Francisco Pizarro, en el Perú.
  • En 1937, en Bolivia se la distinguió con la Orden del Cóndor de los Andes.
  • En 1938, recibió también en el Perú la Orden del Sol.
  • En 1944 obtuvo el primer premio del Ministerio de Instrucción Pública del Uruguay, con medalla de oro.
  • En 1945 se le discernió en Brasil la Orden do Cruçeiro do Sul.
  • En 1946 recibió en Bélgica la Cruz del Comendador del Gran Premio Humanitario.
  • En 1947 fue elegida miembro de la Academia Nacional de Letras, con medalla de oro.
  • En 1950, fue designada Presidenta de la recién fundada Sociedad Uruguaya de Escritores.
  • En 1951 recibió la medalla de oro de la Orden Carlos Manuel de Céspedes, en Cuba.
  • En 1953, se la designó “Mujer de las Américas”, siendo invitada con tal motivo al que fue su único viaje al exterior, a los Estados Unidos.
  • En el mismo año de 1953. fue condecorada con la Orden de Eloy Alfaro, de la República Ecuador.
  • En 1954, con ocasión de realizarse en Montevideo la VII Asamblea General de la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura), recibió el homenaje de la misma.
  • En 1959 le fue discernido el Gran Premio Nacional de Literatura, que se otorgaba por primera vez.
  • En 1966, su reciente libro “Elegía”, publicado en Palma de Mallorca, fue distinguido con el premio Juan Alcover, de dicha ciudad.

Producción literaria

Sus principales libros, son:

  • “Las lenguas de diamante”, de 1919
    “Cántaro fresco”, de 1920
    “Raíz salvaje” de 1922
    “La rosa de los vientos”, de 1930
    “Chico Carlo”, de 1944
    “Perdida”, de 1950
    “Azor”, de 1953
    “Mensajes del escriba”, de 1953
    “Dualismo”, de 1953
    “Romances del destino”, de 1955
    “Canto rodado”, de 1956
    “Oro y tormenta”, de 1956
    “Tiempo”, de 1962
    “Elegía”, de 1966
    “La pasajera”, de 1967
    “Juan soldado”, de 1971


María Inés Allo Strobach

Con Juana de Ibarbourou se afirma en el Uruguay un movimiento de aproximación a la realidad, paralelo al que se produce en toda la literatura latinoamericana. La ensoñación romántica que todavía tardíamente flotaba dentro de la lírica y el exotismo de Julio Herrera y Reissig nos alejaban hacia un mundo divorciado de lo real. En 1914 muere Delmira Agustini y María Eugenia Vaz Ferreira se refugia en un desencantado silencio.
En Chile, Gabriela Mistral publica los "Sonetos de la muerte" pero todavía no había alcanzado el punto más alto de su creación, aunque ya había conmovido un vasto público por la trágica experiencia que su poesía desnuda. 
En Argentina Alfonsina Storni lucha con la forma, publicando versos que luego quiere borrar. De las tres poetisas contemporáneas: Gabriela Mistral, Alfonsina Storni y Juana de Ibarbourou, la uruguaya es la menos torturada. 
En ella no prima la búsqueda de novedades expresivas, no hay discusión por lo formal sino una confianza en los impulsos creadores, en la expresión de una sensualidad sana: su poesía es fuente de alegrías y de tristezas. En el aspecto formal se muestra apegada a formas más bien tradicionales y los elementos modernistas que aparecen en su obra se ven transformados y recreados en un mundo poético propio lleno de luz y sensibilidad. 
Su independencia frente a las influencias del momento la hacen afirmarse en lo que se convertirá en la peculiaridad de su estilo: frescura, sencillez, humanidad, aparente espontaneidad. A través de toda su producción poética, se mantiene fiel a ciertos temas: el ansia de vida natural, la libertad, el deseo de viajar y el sacrificio ante el impulso del amor, la rebeldía ante lo astringente de la vida ciudadana, los temas de la vida cotidiana. También aparecen los tópicos de la poesía universal: el amor, la muerte, el destino ultraterrenal, la fugacidad de la vida. Juana fue muy sensible al tema del pasaje del tiempo porque en su transcurso nos arrebata la belleza, la juventud, la frescura, armas exclusivamente femeninas ante el amor. En "Lenguas de diamante" hay varios ejemplos de esta angustia, especialmente en el poema "La hora".
La trilogía inicial de su primera poesía: "Lenguas de diamante" (1919). "El cántaro fresco" (1920),"Raíz salvaje"(1922),traen un aire de renovación, de luz, de sencillez, que permiten una íntima comunión entre la creadora y el lector. Los años pasan y empieza a sentir la soledad. Su poesía se orienta hacia el misterio. Con "La rosa de los vientos" (1930) comienza a alejarse de aquella primera y luminosa alegría para orientarse hacia la melancolía, volviéndose su expresión cada vez más oscura. Esto se puede percibir en "Perdida" (1950), "Elegía" (1967) y en "La pasajera" (1967).
El Superrealismo abrió sus puertas a grandes poetas de la lengua española como Loica, Alberti, Aleixandre, Neruda. Juana utiliza la influencia de este lenguaje con naturalidad, con mesura, dando su paso más extremo en este sentido en su libro "Azor" (1953). Zum Felde escribe en el "Proceso intelectual": "La poetisa no se ha dejado seducir por ninguno de los extremismos fanáticos y negativos de las escuelas llamadas "de vanguardia" (que dentro de veinte anos serán de retaguardia naturalmente) ni ha incurrido en las extravagancias efímeras, sólo justificables como elementos bélicos, en el momento de la lucha contra la retórica conservadora".
El estilo de la autora nunca cayó en la repetición, renovándose a través de diferentes formas expresivas que no perdieron esa facilidad de íntima comunión con el lector.
De la obra en prosa destacamos "Los loores de Nuestra Señora" y "Estampas de la Biblia" editadas en 1934. "Chico Carlo" en 1944 y en 1945 "Los suertes de Natacha". Entre 1930 y 1950 no publica ningún libro de poesía. En 1971 aparece "Juan Soldado" que recoge narraciones de diferentes épocas anteriores junto con otras nuevas.
Juana de Ibarbourou fue dueña de un gran talento creador, de un estilo y de un lenguaje que nos incorporó a la historia cultural de América. Dijo Roberto Ibáñez en un artículo de "Marcha" del año 1969: "... incorporó a la lírica uruguaya una nota nueva con un rayo de juventud y de gracia que fascinó a sus coetáneos, que seducirá siempre por su encanto efusivo y que se tradujo en poesía verdadera".


JUANA: VIDA Y DESTINO; CRONOLOGÍA

1895 - 8 de marzo. Nace Juana Fernández Morales en la ciudad de Melo, Cerro Largo, hija de Vicente Fernández, nacido en 1851 en Villanueva de Lorenzana, Lugo, España, y de Valentina Morales, nacida en Tacuari, Cerro Largo, en 1858. Hace estudios primarios. Sus primeros poemas se publican en "El Deber Cívico" y "El Nacionalista", y el mensuario "Apolo" de Montevideo.
1915 - 28 de junio. Se casa con el capitán Lucas Ibarbourou, en Melo. Comienza a usar el seudónimo Jeannette d'Ibar.
1917 - Nacimiento de Julio César Ibarobourou. 
1918 - La familia se instala en Montevideo, después de haber recorrido distintos departamentos. Rivera, Tacuarembó, Rocha, Canelones, según lo exige la carrera del esposo. Vicente Salaverri, "Antón Martín Saavedra", a quien el poeta muestra sus poemas, le dedica en "La Razón" un artículo consagratorio: "La revelación de una extraordinaria poetisa".
1919 - Primera edición de "Las lenguas de diamante", con prólogo de Manuel Gal vez, en Buenos Aires.
1920 - Se publica en Montevideo "Poesías escogidas" y la primera edición de "El cántaro fresco". Máximo García, Montevideo.
1922 - Primera edición de "Raíz salvaje". Ed. Maximino García, Montevideo.
1924 - Publica "Páginas de literatura" contemporánea.
1927 - Se edita en París "La touffe sauvage", traducción de Francis de Miomandre. Publica "Ejemplario".
1929 - El 10 de agosto, en el Palacio Legislativo, recibe el título de Juana de América, en acto presidido por Juan Zorrilla de San Martín y en el que interviene Alfonso Reyes.
1930 - Primera edición de "La rosa de los vientos", Ed. Palacio del Libro. Montevideo. Se edita en Madrid: "Sus mejores poemas", primera antología.
1931 - Esta obra recibe la Orden Universal del Mérito Humano, en Ginebra.
1932 - Muere su padre.
1934 - Primera edición de "Loores de Nuestra Señora", y primera edición de "Estampas de la Biblia", con prólogo de Gustavo Gallinal. Ambas editadas por Barreiro y Ramos, Montevideo.
1935 - Medalla de Oro de Francisco Pizano, del Perú, Publica "San Francisco de Asís".
1937 - Orden del Cóndor de los Andes, de Bolivia.
1938 - Orden del Sol, del Perú. Interviene en los Cursos Sudamericanos de Vacaciones, en Montevideo, junto a Gabriela Mistral y Alfonsina Storni. Vicepresidencia del P.E.N. de Montevideo.
1942 - Muere su esposo, el mayor Lucas Ibarbourou.
1944 - Primera edición de "Chico Carlo", ed. Kapelusz, Buenos Aires.
1945 - Orden del Cruzeiro do Sur, de Brasil. Primera edición de "Los sueños de Natacha". Ed. Independencia. Montevideo. Primer premio del Ministerio de Instrucción Pública del Uruguay y medalla de oro. El Estado adquiere los derechos de propiedad literaria de su obra edita en prosa y verso y de tres inéditos.
1946 - Cruz de Comendador del Gran Premio Humanitario, de Bélgica.
1947 - Ingresa a la Academia Nacional de Letras, como miembro de número y recibe la medalla de oro de la misma.
1949 - Muere su madre.
1950 - Primera edición de "Perdida". Ed. Losada. Buenos Aires. Presidencia de la Asociación Uruguaya de Escritores, acabada de fundar.
1951 - Huésped de honor permanente de la Ciudad de México, y medalla de oro. Orden Carlos Manuel de Céspedes de Cuba.
1953 - Es designada Mujer de las Américas 1953, y viaja a EE.UU. Primera edición de "Azor". Ed. Losada. Buenos Aires. Se publican sus "Obras completas", que incluyen "Mensajes del escriba", poesía y "Puck" y "Destino", prosa, con prólogo de Dora Isella Russell. Ed. Aguilar, Madrid. Cond. de Andrés Floy Alfaro del Ecuador.
1955 - "Romances del destino". Ed. Cultura Hispánica, Madrid.
1956 - Publica "Oro y Tormenta", ed. Zig Zag, Chile.
1958 - Publica "Canto rodado", en colaboración con J. Pereira Rodríguez. Ed. Kapelusz. Buenos Aires.
1968 - Orden al mérito, de Bolivia. El Estado le devuelve los derechos de autor. Primera edición de "La pasajera". Ed. Losada. Buenos Aires.
1969 - Edición homenaje en el cincuentenario (1919-1969) de la primera publicación de "Lenguas de diamante".
1971 - Publica "Juan Soldado".
1979 - Fallece en Montevideo.

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